jueves, 3 de julio de 2008

Procesando textos (y 2): plantillas y estilos

Antes de entrar en temas de mayor profundidad, no me resisto a dar cuatro pinceladas más sobre los procesadores de textos y su uso en arqueología. Lo que cuento aquí hace especial referencia al del OpenOffice (aunque sirve perfectamente para otros procesadores).
Y es que opino que muchas veces no conocemos bien todas sus posibilidades, cuestión que repercute directamente en el rendimiento. Os aseguro que conocer bien el manejo de un procesador de textos (o de cualquier programa) es muy útil.
Para llegar a ese conocimiento existen básicamente tres caminos: hacer un curso (recomendable), el método RTFM (requiere autodisciplina) o trastear probando cosas una a una (para los anárquicos). Cada cual tiene su camino preferido, como en todo. Pero lo más importante es elegir uno.
Hay dos claves que me parecen especialmente infravaloradas en el uso de los procesadores (por lo que tengo observado): las plantillas y los estilos.
Las plantillas son un tipo especial de documento, que una vez guardadas sirven de patrón para nuevos documentos. Cuando creamos un documento nuevo basado en una plantilla, se copian todas las características de la plantilla original (estilos, tipos de letra, encabezados, numeración de páginas, márgenes, textos, etc), pero el documento debe de guardarse con un nombre nuevo, de forma que siempre se conserva la plantilla original. En OpenOffice se pueden crear plantillas no sólo para el procesador, sinó también para los otros tipos de documentos. Un ejemplo sencillo de una plantilla es un modelo de carta, o de factura, con el anagrama de la empresa en el encabezado, un campo de fecha automática, etc. Otros modelos de plantillas útiles son modelos de memoria, informe o proyecto, que incluyan todos aquellos apartados que solemos repetir en cada trabajo. Por ejemplo la metodología de excavación, o el director de la intervención y el equipo técnico, etc. Así que, ya sabéis: os podéis evitar aquello de tomar el proyecto del año anterior y empezar a borrar el texto para conseguir un modelo vacio.
El segundo de los temas maltratados es el de los estilos. Un estilo es un formato predefinido de texto, que afecta al tipo y tamaño de letra, espaciado, alineación, características, etc. El estilo habitual es el "normal", pero luego existen estilos para los pies de página, encabezados, toda la jerárquia de títulos, etc. Cuando modificamos la definición de un estilo en un documento, todo el texto que tiene asignado ese estilo se actualiza automáticamente al nuevo formato.
Un ejemplo habitual del mal uso (o desconomiento) de los estilos es este caso que os sonará: seleccionamos el texto, cambiamos el tipo de letra a nuestro gusto, y cuando continuamos escribiendo ¡el procesador vuelve a sacarnos el tipo de letra anterior!.
Pero para mi un tema clave de los estilos es que si los aplicamos adecuadamente en la creación de títulos y apartados, al final podremos obtener una tabla de contenido del texto de manera automática con paginación y todo. Y creedme: existen otros muchos aspectos que necesitan de un correcto uso de los estilos para poder ser eficaces.

1 comentario:

  1. Tengo nuevo ordenador y voy a prescindir de la versión de evaluación de Microsoft Office. Estoy descargando OpenOffice, ya te contaré cómo me va... gracias por tu información.
    meresguer

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